Tratando de alcanzar las nubes abusando del Sol. Sol que no quema pero que no da ninguna respuesta. Es temporada de arrepentimientos en el Cielo y muchas gotas caen sobre la tierra seca. Mis labios se humedecen pero mis ojos no. Es imposible. Aun teniendo los fantasmas golpeando las puertas de mi cabeza. Mi boca está a punto de gritar “¡Basta!” pero el genio dentro de ella retiene toda saliva. Y el cigarrillo no ayuda. Mochila pesada la nuestra. Soltar un poco de ira por ahí es humano. Tanto como perdonar. Pero hasta perdonar suena estúpido frente a una pantalla. Colorear dibujos vacíos. Sin rostros. Alimentar bestias de tinta china. Pasando horas con sus detalles para que quede como si fuese irreal. Pero sigue saliendo tu figura. Quiero volar para olvidar y dejarme caer. Pero las aves hacen que mi despegue sea imposible. Son demasiados imposibles para una sola vida. Pero yo se que esa máquina de hacer pájaros terminará su canción. Espero tener todavía las ganas de volar. Dejo los papeles a un lado para dibujar Nubes sobre aire. Las abrazo. ¿Llegué a mi Cielo? No todavía. Pero déjenme pensar que así es. Escuchar el bandoneón hace que las nubes se deformen. Haciendo que las aves regresen. Haciendo que tu vuelvas a derrumbar mi castillo de cartas. Que he armado con tanto amor. Con tanto amor. Se me cae un lagrimón que inunda la pieza. Pieza llena de agua amarga. Pájaros revoloteando. Nubes inalcanzables. Cartas en el aire. Mis libros se mojan. Todo es un desastre. Tengo que limpiar un poco. Pero doy media vuelta. Quizás me arrepienta, contagiándome de lo que pasa en el Cielo. Porque, como ya dije, es temporada de arrepentimiento en el Cielo. Y las gotas siguen cayendo.
E.P
No hay comentarios:
Publicar un comentario