miércoles, 8 de septiembre de 2010

Ya lo sabes



¡No jures amor en vano!, le grita.


Una lágrima se desliza por su rostro y se convierte en polvo.


Todo a su alrededor se deshace.


Lento, fugaz, todo se deshace.


¡Un derrumbe!, le grita.


Tiene necesidad.


Tiene deseo.


Tiene amor.


Tiene odio.
Tiene….


Algo. …


Inmenso….

lunes, 30 de agosto de 2010

Eran dos, uno, uno más uno.



Le susurró al oído: “No intentes entenderme”.


Sus miradas fueron eternas.


Sus labios rozaron su rostro.


Se sonrojó, sonrío, lloro.


Presentía que vendría el final.


Ese final que nunca supo ver.


Esa verdad que siempre estuvo presente, pero que jamás se hicieron cargo.


“Hasta siempre”, lo miró y se fue.


¿A dónde?


A los brazos de alguien que finalmente la valore.


El sentado frente al mar decidió olvidarla.


Ella nunca lo entendió.


El nunca pretendió entenderla.


Un alma dividida en dos.


Fueron uno, fueron…


Flotaban dentro de esa energía que los envolvía.


Flotaban hasta que uno de ellos decidió aterrizar.
Dejar de chocar entre miedos y vivencias inconclusas.


Decidió bajar para ya no estar envuelta en un “no se, eterno”.


Aterrizaron -abrieron los ojos- se miraron.


¡Llegó a su fin! ¡Llegó a su fin!


Las huellas quedaron marcadas en la arena hasta que el mar las disolvió, como su amor fugaz que se disolvió o capaz nunca existió…




María José Castro

domingo, 29 de agosto de 2010

Sigo escribiendo para vos, si, para vos.

Lo mira desde lejos y le despiertan ganas de hacerlo suyo.

Lo mira desde lejos y sabe que no le quita el sueño.

Lo mira desde lejos y le contagia una risa sutil.

Ella lo tiene tan cerca y no puede besarlo con todas sus ganas.

Ella lo tiene tan cerca y no puede darle esos abrazos interminables.

Ella lo tiene tan cerca y no puede sentirlo.

¿Cuánto tiempo más podrá soportar esto?

Ganas de hacerlo el hombre más feliz.

Ganas de que se deje querer.

Ganas de que no le importe el que dirán.

Ganas de que se deje vivir.

Ganas de que ella viva en su inconciente.

Ganas de que al fin un día de estos él la necesite.

Ganas de extrañarlo.

Ganas de que la extrañen.

Tiempo es el que pasa sin que se abracen.

Tiempo es el que se esfuma sin que las miradas sean interminables.

Tiempo es el que se pierde sin que ellos finalmente estén juntos.

Tiempo es el que se pierde sin que ellos se dejen amar.

Tiempo es el que se pierde sin que esos besos se adueñen de sus cuerpos.

Tiempo es el que se pierde sin que ellos sean uno.

María José Castro.

lunes, 23 de agosto de 2010

Si, es para vos.


Busco poemas que digan por mi.


Busco canciones que lleven este sentimiento hacia vos.


Te busco y no te encuentro.


Me lanzo a sentir y vivir pero no te encuentro.


¿Por qué no te encuentro?


Pregunta.



Sigo creyendo en la palabra.


Sigo creyendo en la mirada.


Sigo creyendo en dos labios que se besan.


Sigo creyendo en los silencios.


Sigo creyendo en lo implícito.


Sigo creyendo en el amor dentro de este mundo tan individualista.


Sigo creyendo en el amor.


Repito y te grito: ¡Sigo creyendo en el amor!



No puedo obligarte a que lo creas.


Tampoco a que lo sientas.


Que triste.


Que triste es sentir que todo es fugaz.


Que triste es sentir que mañana ya no estas.


Que triste es sentir que no existe un quizá.



¿Algún día sentirás lo mismo que yo?
O será que esperarte es en vano………


¿Te espero?


No lo sé.

María José Castro.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Eran, son y serán recuerdos.

Mi fiel compañera de escritura la luna.
El silencio de una noche despejada dentro de la ciudad sin luces.
Los recuerdos se acercan y me invaden sin pedir permiso y simplemente los dejo entrar a mí ser para que no me paralicen, sino para que me ayuden a tratar de cerrar esas cuentas pendientes que jamás o que capaz algún día saldaré dentro de mí.
Recuerdos que me regalan risas interminables, momentos únicos y hasta llantos desgarradores. Recuerdos del ayer que siempre estarán en mí.
Recuerdos de un quizá, un tal vez.
Recuerdos que tristemente son recuerdos, nada más que recuerdos.
Que tristeza…

María José Castro.

viernes, 7 de mayo de 2010

La muerte de un ángel...

Suena la música. Un par de golpes y cae. No sabe que va a ser de él. Cae. Y sigue cayendo. Tiene miedo. Tiene pánico. Se da cuenta. De su caída y de mucho más. Comienza su terror. Vertiginoso terror. La caída es espiral. Hasta que comienza a recordar y se vuelve danza. Recuerda. Pero no encuentra nada. Se pregunta cosas. No sabe qué. Se da cuenta que fue inservible. Otra vez pánico. Lo triste de su recuerdo. Cae más rápido. Hasta que es sin sentido. Su terror ya no es igual. Es desesperanzador no encontrar suelo. Y se da cuenta que ni para caer sirve.

Eugenio Perregrini.

Él

Él cerró las puertas de su alma y corrió detrás de aquella muchacha.
Él siguió sus latidos como esos pasos hacia el oscuro infinito.
Él tomó decisiones apresuradas, sin sentido.
Él dijo hola, hasta luego y chau, en menos de segundos.
Él sin medir consecuencias, lo hizo, y lastimó.
Él sin medir consecuencias sigue su camino, sin pensar en ella.
Él sigue, camina, sigue, su cabeza es un cóctel de ideas que no llegan a nada.
Él sabe y siente, que no se animó.
Él siente desde lo más profundo que no se animó, que hubo una seguidillas de segundos que lo frenaron y lo obligaron a cerrar su alma...........a cerrar su alma.......a inhibir sus verdaderos sentimientos...
Él corrió y corre, detrás de aquella muchacha.
ella, sin saber su destino, vive el hoy, siente el hoy, pero ya sin él, simplemente con auquellos escasos recuerdos que la atan a él.


María José Castro