Teníamos que deshacernos de eso. No quiero ni nombrarlo. En mi ser permanecía una hermosa voz. Voz que sonaba sin cesar. Sabíamos que estábamos en lo correcto. Con solo mirarnos. Con solo mirarnos. Ninguno quería que nada arruinara ese momento. Momento glorioso. Pocas nubes ocultaban la cara de la Bella nocturna. Su reflejo iluminaba las nuestras tanto como las pequeñas olas. Nos miramos por última vez. Lo soltamos. El cuerpo se alejaba cada vez más en el agua. Tan pacifico se veía ahora el flaco Juan. Una pequeña voz resonaba en mi cabeza. Estábamos en lo correcto, decía: teníamos que deshacernos de eso.
E.P
No hay comentarios:
Publicar un comentario