Lento camino al cerrado, oscuro ventanal. Luz que sutilmente apuñala por la espalda. Intento socavar sus reflejos en ese malestar que no soporto. La inconsciencia de las sombras que me invaden despiertan, sin que yo me mueva. La demencia de las letras se entrelazan en mi cabeza. El baile de los locos siempre es la cosa más maravillosa para recordar en situaciones de lamento.A partir de sus ojos ella puede ver algo más que un simple momento de placer. Más que luces tontas. Encandilan sobre las casas. Pero ella, con su andar pausado, hacia que aquel baile de locos se viera con total desquicio intermitente. La música la envolvía hacia el centro de su propia locura. Había abierto el ventanal solo para verla. Era hermosa. Su baile se distinguía por lo frenético de su entorno. Y su calma. Su delicada manera de abrise paso entre los dementes. Abrí el ventanal solo para verla. Y una vez que lo insano se la devoró. Dejé caer la perciana, sabiendo que mañana habrá otro carnaval.
María José Castro y Eugenio Perregrini.