miércoles, 18 de agosto de 2010

Eran, son y serán recuerdos.

Mi fiel compañera de escritura la luna.
El silencio de una noche despejada dentro de la ciudad sin luces.
Los recuerdos se acercan y me invaden sin pedir permiso y simplemente los dejo entrar a mí ser para que no me paralicen, sino para que me ayuden a tratar de cerrar esas cuentas pendientes que jamás o que capaz algún día saldaré dentro de mí.
Recuerdos que me regalan risas interminables, momentos únicos y hasta llantos desgarradores. Recuerdos del ayer que siempre estarán en mí.
Recuerdos de un quizá, un tal vez.
Recuerdos que tristemente son recuerdos, nada más que recuerdos.
Que tristeza…

María José Castro.

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